Es un misterio ¿Cómo poder descifrarlo,
si yo misma soy? Tan poco idéntica a mí misma.
Me sumerjo en ese abrazo escapando del tiempo que hoy duerme.
Dejé un fragmento inconcluso de mí descansando sobre la mesa
Tacho las hojas de mi cuaderno y me hundo.
Las palabras se tiñen de gris sepia, cambian de sintonía y
ya no son mías.
Me desenvuelvo. Muestro la que soy yo
Dejo que veas a través de mi piel.
Mis cenizas no dicen nada, si no querés escuchar
Sólo algo sin forma.
Yo resucito para no vivir.
Ya pasaron los días y la multitud está ansiosa.
Espejo de nuevo, ahora más filoso:
el sobresalto de ver su propia sombra.
Que se hace doble. Se hace dos. La que debió y la que fue.
Entre esa herida y el papel púrpura que la envuelve
La niña absoluta, la mujer hermosa, la muerte perfecta.
No dejó nunca de ser esa que él rasguñaba a la distancia.
Cuando todos duermen, ella por una vez, despierta
y encuentra el silencio, inmersa en el completo vacío.
Para terminar lo que nunca quiso tener
domingo, 22 de noviembre de 2009
El camino sangra
Hoy hay lugar para quedarse
acurrucado para el fuego
el quebrado lugar que no buscás
está acá
el sangra-letras da vuelta la página
lo escucho comiéndose al mundo
y vos escurriéndote en el fondo de un camino
del doble camino
que sangra
comprimiendo el silencio y sus ramas
las palabras se atraviesan, vibran
subí para decirme como voy a bajar
es sólo el principio, y la multitud ya grita
todos saben lo que me está consumiendo
por dentro y fuera
ellos saben vivir de un camino en frasco
de la fruta plástica
este es un lugar peligroso
mejor no entrar que salir
pero prefiero inundarme
caerme de la gente y de la ciudad
taparme con la sábana y alejarme
hasta aplastarlo todo
acurrucado para el fuego
el quebrado lugar que no buscás
está acá
el sangra-letras da vuelta la página
lo escucho comiéndose al mundo
y vos escurriéndote en el fondo de un camino
del doble camino
que sangra
comprimiendo el silencio y sus ramas
las palabras se atraviesan, vibran
subí para decirme como voy a bajar
es sólo el principio, y la multitud ya grita
todos saben lo que me está consumiendo
por dentro y fuera
ellos saben vivir de un camino en frasco
de la fruta plástica
este es un lugar peligroso
mejor no entrar que salir
pero prefiero inundarme
caerme de la gente y de la ciudad
taparme con la sábana y alejarme
hasta aplastarlo todo
viernes, 20 de noviembre de 2009
Un diario
Él se levanta jueves en la mañana y agarra su diario de la mesa. Sale, camina y en el colectivo lo escribe y así es más diario. Se le resbala y queda en el asiento. Una chica lo encuentra y se vuelve un cuento. En la tercera página se aburre, saca un marcador rojo y lo dibuja. Después lo deja, ¿para qué llevarlo a casa? El chofer llega a la terminal Hurlingham y busca cigarrillos pero no tiene. Se fija si queda alguien en el coche y patea un libro que algún infeliz le dejo ensuciándole la máquina. El libro cae cerca de un linyera que tirita de frío. Él lo mira de reojo y de a poco se da vuelta y va a buscarlo. Enfrente de él un fueguito triste, minúsculo, da algo de luz. El papel del diario quema fácil porque es de buena calidad, grueso. El cartón de la tapa resiste un poco más, pero al final arde también. Salpican rojo y naranja, se retuercen la hojas y el linyera es más feliz, por el calor y porque el fuego divierte. De chiquito, quería ser chef de parrilla.
La madrugada es pálida y fría. Nunca hay gente en la terminal. Un montón de cenizas vuelan con el viento del día y se pierden.
La madrugada es pálida y fría. Nunca hay gente en la terminal. Un montón de cenizas vuelan con el viento del día y se pierden.
domingo, 18 de octubre de 2009
Esperábamos en el jardín que
Esperábamos en el jardín que el otro apareciera. El piso tenía ciruelas que caían de los árboles. Yo agarré una y comí.
“Que parezca un accidente”-pensó ella. ¿Cuáles y cuántos podrán ser?
“Que parezca un accidente”-pensó ella. ¿Cuáles y cuántos podrán ser?
Dos chicas en la playa.
Dos chicas en la playa. Es una playa de invierno, de cielo blanco. Acostarse en la arena, escuchar chocar el agua.
Nadie las calla pero de repente no hace falta hablar.
Como para nadar a veces no hace falta respirar, y también cuando giro en el fondo, intentando no subir.
No volvamos nunca a la orilla.
Nadie las calla pero de repente no hace falta hablar.
Como para nadar a veces no hace falta respirar, y también cuando giro en el fondo, intentando no subir.
No volvamos nunca a la orilla.
domingo, 23 de agosto de 2009
Análisis baratos
Ella sonríe, mastica una bola de masa de aspecto putrefacto.
“Inteligente –dice- es una táctica comercial”.
El momento me lleva a una clase -¿de química tal vez?- rememorando el tema musical de una lavandina de poco renombre.
“Yo –pienso- nunca quise saber esto”.
“Inteligente –dice- es una táctica comercial”.
El momento me lleva a una clase -¿de química tal vez?- rememorando el tema musical de una lavandina de poco renombre.
“Yo –pienso- nunca quise saber esto”.
La Cosa
Tengo una doble sombra. Me corre La Cosa.
La veo de reojo, desde abajo de las sábanas.
A veces la pierdo, pero pronto siento un tirón en mi vestido y el ella: sigo perseguida.
Pero no siempre fue así. Antes yo era sola.
La Cosa no se parece a nada, no muere,
no respira, ella escupe.
No quiero mirarla. No me gustan sus ojos, sus casi no labios, su cuello no me gusta nada.
Muy a mi pesar tengo que admitir que es hermosa. Pero es una hermosura que da asco, que vomita.
Tampoco tengo una razón para culpar a Cosa. Y a la vez, ella es un alfiler en la nuca.
La siento respirar y me enferma, mi sangre se cambia, una nueva sangre la come y me lleno de furia de odio, de ganas de comerme a Cosa, descuartizarla.
Cosa sonría sentada en mi silla, de piernas cruzadas.
Yo sé que ella sabe.
La veo de reojo, desde abajo de las sábanas.
A veces la pierdo, pero pronto siento un tirón en mi vestido y el ella: sigo perseguida.
Pero no siempre fue así. Antes yo era sola.
La Cosa no se parece a nada, no muere,
no respira, ella escupe.
No quiero mirarla. No me gustan sus ojos, sus casi no labios, su cuello no me gusta nada.
Muy a mi pesar tengo que admitir que es hermosa. Pero es una hermosura que da asco, que vomita.
Tampoco tengo una razón para culpar a Cosa. Y a la vez, ella es un alfiler en la nuca.
La siento respirar y me enferma, mi sangre se cambia, una nueva sangre la come y me lleno de furia de odio, de ganas de comerme a Cosa, descuartizarla.
Cosa sonría sentada en mi silla, de piernas cruzadas.
Yo sé que ella sabe.
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